Pizza calzone de pimiento y alcaparras

Ingredientes

Una base de pizza – 100g de pimiento del piquillo en tiras – 2 cucharaditas de alcaparras en vinagre – 100g de mozzarella – salsa pizzaiola – orégano seco

Estiramos la base de pizza, ayudándonos de un poco de sémola de trigo. Cubrimos la superficie con un par de cucharadas de salsa pizzaiola, procurando dejar libres los dos centímetros del borde. Espolvoreamos generosamente con orégano.

Disponemos el pimiento y las alcaparras muy bien escurridas en el centro de la pizza, teniendo en cuenta que vamos a doblarla. Agregamos el queso, rallado o cortado en dados, mojamos el borde con agua para que selle bien, y cerramos la pizza por la mitad, como si fuese una empanadilla gigante. Comprimimos muy bien los bordes para que no se escape el relleno, y cerramos con un repulgo todo alrededor.

Cocinamos durante 8-10 minutos sobre una piedra refractaria a 220ºC con ambas placas y aire, hasta que esté hinchada, cocinada y dorada en la superficie. Servimos inmediatamente, con cuidado, ya que estará caliente.

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He de confesar que me encantan las pizzas calzone. El hecho de cocinarlas cerradas les da una jugosidad increíble, a la vez que potencia mucho los sabores. No suelo pintarlas con huevo, ya que me gusta el aspecto rústico que toman cuando están simplemente espolvoreadas con la sémola necesaria para estirarlas.

Pienso que las pizzas no deben llevar demasiados ingredientes. Aparte del queso y el tomate, si lo usamos, dos o tres productos más son suficientes. Hoy he combinado un resto de pimientos del piquillo en corserva que tenía por la nevera, con unas alcaparras, que le aportan acidez y carácter. Como siempre, podéis variarla a vuestro gusto. Si el sabor de la alcaparra lo encontráis demasiado fuerte, podeís sustituirlas por aceitunas verdes.

Risotto picante de codium

Ingredientes (para 2 personas)

200g de arroz carnaroli – 100g de codium fresco – 50g de aceite vegetal – 1 cebolla mediana – una guindilla Thai fresca -  50g de queso de Arzúa curado rallado – caldo vegetal suave -  aceite de oliva virgen extra – sal

Cortamos las puntas más frescas del codium y las trituramos junto con el aceite en el Thermomix, o con una batidora potente, hasta obtener una emulsión. La pasamos por un colador de malla fina para eliminar los restos sólidos, y guardamos refrigerado bien cerrado hasta el momento de su uso.

Picamos la cebolla muy fina y rehogamos en una cacerola en un fondo de aceite, sin excesos. Con unos guantes de goma puestos, retiramos el tallo de la guindilla, abrimos longitudinalmente, desechamos las semillas y la picamos lo más fina posible, incorporándola a la olla. Cocinamos a fuego medio hasta que esté bien dorada y cocida.

Incorporamos el arroz y lo rehogamos durante tres o cuatro minutos, removiendo de vez en cuando para que no se agarre. Mojamos con un par de cucharones de caldo vegetal hirviendo, y procedemos con la técnica del risotto hasta que esté listo.

Un minuto antes de finalizar, añadimos dos o tres cucharadas de la emulsión de codium, según nuestros gustos, y mezclamos bien. Dejamos hervir un instante, mantecamos con el queso rallado y servimos inmediatamente.

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Os cuento la historia: este pasado viernes, aprovechando una visita a la Fiesta del Albariño de Cambados en compañía de un amigo,  probamos en el Restaurante Pandemonium, que regenta Antonio Botana en dicha localidad, un impresionante arroz codium. La fotografía es de  Gourmet de Provincias; el que yo tomé era simplemente el arroz, sin acompañarse de berberechos. Una de esas recetas aparentemente simples, yo diría que sólo tenía arroz, codium y caldo, pero en las cuales la sencillez culinaria es elevada al grado de maestría. De los mejores platos que he probado últimamente.

El codium es un alga común en las costas gallegas, donde recibe el nombre de ramallo de mar. De color verde intenso, carnosa y gelatinosa al corte, tiene un sabor pleno a mar. Podéis ver de qué alga se trata, concretamente la que yo recogí  para preparar este plato, pinchando aquí.

Desde luego, no se trataba en absoluto de replicar el plato de Botana (si queréis probarlo, visitadlo, que merece la pena :-) ), pero, inspirándome en lo degustado, dedidí probar incorporándolo a un  risotto. Le di un toque picante, ya que me gusta mucho combinado con las algas. Lo mantequé tan sólo con la emulsión de codium y un poco de queso de Arzúa de esos curados hasta parecer una piedra, difíciles de encontrar, pero que tienen un sabor más suave que el parmesano, aunque se podría sustituir por este último. Para la emulsión opté por triturar el alga con un aceite de sabor neutro,  girasol, porque no quería una grasa con sabor, y desconocía si el alga se oxidaría en contacto con el aire.

No añadí mucha, ya que se trataba de un plato único y no quería que el sabor fuese excesivo, para que no resultara  saturante. Puse tres cucharadas de la crema, aunque eso queda siempre a vuestro criterio: cuanto más os guste, añadid más.

El resultado, delicioso. Sabor plenamente marino, y un color más que atractivo. La guindilla le aportaba mucha gracia, y más en un día de calor intenso como el que hacía. Si lo probáis, comentadme qué os ha parecido. Eso sí, no sé si el codium se comercializa fresco, así que probablemente tendréis que buscarlo por las rocas, de paso que os dáis un baño. Siguiendo los consejos de Antonio, elegid el de color más oscuro, y procurad recogerlo de zonas en las que bata el oleaje. Una aventura culinaria más, de la mar a a la mesa :-D

Gyozas vegetarianas

Ingredientes (para 8 unidades)

8 láminas de wonton ó pasta de gyozas – 5 setas shitake medianas – 3 chalotas – aceite vegetal – salsa de soja

Picamos las chalotas lo más finas posibles y las rehogamos en una sartén pequeña con muy poco aceite. Cuando comience a sudar, agregamos las setas muy picadas, y cocinamos un par de minutos. Mojamos con un poco de salsa de soja y evaporamos. Dejamos enfriar y reservamos.

Separamos las láminas de pasta. Si son cuadradas, las cortamos con un vaso. Mojamos con agua, ayudándonos con el dedo todo alrededor, y colocamos una cucharadita de relleno en el centro. Formamos las gyozas plegando y cerrando la masa. Apretamos bien al finalizar para que no se abra. Si queréis ver la técnica con detalle, echadle un ojo a este vídeo, donde está muy bien explicado el procedimiento.

Refrigeramos las gyozas al menos media hora, para que estén más firmes. Calentamos una sartén pincelada con aceite y cocinamos las gyozas un par de minutos por cada lado, a fuego fuerte, hasta que se doren un poco. Añadimos medio vaso escaso de agua, tapamos inmediatamente y dejamos que se terminen de coccinar al vapor. Cuando el agua se haya evaporado, servimos inmediatamente, cuatro por persona. Se pueden acompañar de salsa de soja aromatizada con aceite de sésamo, shichimi y un toque de vinagre.

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Las gyozas son unas deliciosas empanadillas japonesas, aunque su origen es chino. En Japón se suelen freír previamente, terminando la cocción al vapor, mientras que en China se realiza toda la cocción sin fritura previa.

En esta versión personal vegetariana, he empleado setas shitake y chalotas. He rehogado las verduras previamente a rellenar las empanadillas, y las he dorado por ambos lados, lo que personalmente me gusta más, aunque la receta original japonesa suele dorar solamente la parte inferior, cociéndose la superior al vapor.

He empleado pasta de wonton, ya que donde vivo es imposible encontrar la propia de las gyozas. Como esta pasta es cuadrada, la he cortado con un vaso previamente.

Podéis experimentar con multitud de rellenos. Es un aperitivo muy agradable, aunque bastante saciante. Se podrían comer muchas más, pero suelen servirse cuatro por comensal.

Alcachofas en falsa tempura

Ingredientes

4 alcachofas – 1 huevo batido – 2 cucharadas de harina blanca – 1 cucharada de harina de maíz fina tipo maizena – 1/2 cucharadita de levadura de repostería ó bicarbonato de sodio – aceite de oliva virgen extra – sal – salsa de tomate para acompañar

Limpiar las alcachofas dejando parte del tallo. Cocer en agua con sal durante 10 minutos. Escurrir bien y cortar longitudinalmente en 4-5 trozos cada una.

Preparar una masa con las harinas, huevo batido, sal, levadura y agua fría. Rebozar bien las alcachofas, ya secas y pasadas por harina, en la masa, y freír en aceite de oliva hasta que estén doradas. Acompañar con un poco de salsa de tomate si se desea.

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Las alcachofas rebozadas son un plato delicioso, un magnífico entrante o primer plato. Recomiendo cocerlas unos minutos para poder cortarlas más gruesas, lo que le da más sabor.

En este caso las he rebozado en una tempura, digo falsa porque lleva mayor proporción de harina de trigo que la habitual, el huevo entero y leudante. El resultado es estupendo, y podemos hacer la fritura con más calma, ya que se mantiene más tiempo crujiente, aunque el rebozado no es tan ligero. Me gusta acompañarlas de salsa de tomate, que combina estupendamente con esta verdura.

Puerros empanados

Ingredientes

4 puerros – 100g de queso gorgonzola – 3 huevos – harina blanca – pan rallado japonés panko – aceite vegetal para freír – pimienta negra – sal

Limpiamos los puerros dejando la parte blanca y unos centímetros de la verde. Limpiamos bien de tierra y cortamos en dos o tres trozos, según el tamaño.

Para unos puerros de tamaño medio, salamos y cocemos al vapor durante 12 minutos. Dejamos enfriar.

Abrimos con cuidado por un lado, longitudinalmente, y rellenamos con un poco de queso. Podemos retirar un poco del centro, para dejar espacio, lo que facilita la labor. Cerramos bien, y rebozamos con harina, huevo y pan rallado. Volvemos a pasar por huevo y pan rallado, y dejamos un rato en la nevera para consolidar el rebozado.

Freímos en aceite bien caliente, hasta que estén bien dorados. Servimos inmediatamente para que no pierdan el toque crujiente.

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Un plato muy sencillo y sabroso. El queso Gorgonzola, de sabor intenso, combina a la perfección con el dulzor del puerro. Se podría usar también cualquier otro queso, procediendo de manera similar.

He usado panko, un pan rallado japonés que deja en el rebozado una textura muy ligera y crujiente. Si no lo encontráis, se puede sustituir por miga de pan de molde blanco rallada en fresco o, simplemente, usar un pan rallado normal para un rebozado más convencional.

Chutney de calabacín

Ingredientes

1kg calabacín sin pelar – 1 cebolla grande – 250ml de vinagre de vino – 150g de azúcar moreno – 70g de jengibre fresco – 3 dientes de ajo – 1 limón – 2 guindillas Thai – 70g de pasas sin pepitas – 1/4 cucharadita de clavo molido – 1 cucharadita de cardamomo molido – 1 cucharadita de canela molida – 3 cucharaditas de sal – 13g de pectina

Picamos en dados pequeños la cebolla y el calabacín, y disponemos en una olla de fondo grueso. Añadimos el vinage, azúcar, pasas, especias, los dietes de ajo y jengibre, pelados y cortados lo más finos posibles. Salamos.

Retiramos la piel del limón y la picamos fina. Con la protección de unos guantes de goma, abrimos las guindillas, eliminamos las semillas y las picamos finamente. Exprimimos el zumo del limón, y lo agregamos todo a la olla. Mezclamos la pectina y removemos bien.

Calentamos hasta que comience a hervir, removiendo para que se disuelva todo bien. Ponemos a fuego medio-suave y cocinamos destapado hasta que tengamos una textura de mermelada, en torno a una hora, moviendo de cuando en vez,  para que no se agarre. Al finalizar, se puede pasar una batidora para dejar una textura más fina, aunque yo prefiero no hacerlo.

Llenamos botes de cristal, que habremos esterilizado con sus tapas durante 10 minutos, con el chutney caliente. Tapamos con fimeza y hervimos durante 25 minutos. Dejamos enfriar en el agua, retiramos, etiquetamos y esperamos treinta días antes de consumir.

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Los chutneys dan un juego excelente en la cocina, ya que su sabor agridulce combina estupendamente con muchos platos, no sólo hindús. En este caso he empleado calabacín, en plena temporada, en una preparación no demasiado ácida y muy aromática, tanto por las especias, como por el limón que incorpora.

Merece la pena preparar una cantidad como la aquí indicada, y envasar esterilizado para usos posteriores. Si no lo envasáis, os aguantará en torno a un mes en la nevera.

La pectina no es indispensable, pero permite mejorar la consistencia empleando menor cantidad de azúcar. En cuanto a la guindilla, depende del tipo que empleéis y de vuestros gustos personales. Con la que yo os indico, el picante es suave.

Bhajis de cebolla


Ingredientes

1 cebolla bien grande – 125g de harina de garbanzos – 1 cucharadita colmada de garam masala – 1 cucharadita colmada de cúrcuma – 1 cucharadita de sal – 1/2 cucharadita de bicarbonato – 1/2 cucharadita de alholva molida – 150 ml de agua – aceite vegetal para freír

Cortar la cebolla en láminas finas, a pluma. Mezclar con el agua, tibia, y agregar las especias y la harina.

Mezclar bien hasta obtener una masa homogénea. Dejar reposar media hora para que se integren los sabores.

Tomar porciones con una cuchara, y freír en abundante aceite caliente, hasta que estén doradas, dándoles la vuelta de vez en cuando. Dejar escurrir bien sobre papel de cocina y servir calientes.

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Los bhajis son un típico platillo hindú, servido habitualmente como aperitivo, junto con otras preparaciones como samosas, pakoras

La combinación de la cebolla con la harina de garbanzo especiada es deliciosa. Suelen ser muy ligeramente picantes, debido al garam masala, pero no se les suele añadir más guindilla. Son un plato ideal para una primera incursión en la cocina hindú, y excelentes servidos con un chutney de mango.