Tempura de algas, guacamole y limón

Tempura de algas, guacamole y limón

Ingredientes

Ensalada de algas secas – 130g de  harina de tempura – 160g de agua muy fría – 2 aguacates – 1/4 de chile – 1/2 tomate pelado y sin semillas – 1/4 de cebolla – un poco de zumo de limón – una cucharada de aceite de oliva virgen extra – carne de limón – cilantro fresco picado -  sal

Para hacer la masa de tempura, mezclar la harina con el agua y un poco de sal, mezclando ligeramente. Remojar las algas, escurrir bien, pasar por la mezcla de tempura muy fría y freír en aceite vegetal abundante a 180ºC hasta que comience a dorarse

Picar el aguacate en dados, junto con el tomate pelado y la  cebolla picada muy fina. Machacar ligeramente con el tenedor, y aliñar con el limón, cilantro, aceite y sal.

Disponer la tempura crujiente, cubrir con el guacamole y colocar un pequeño trozo de carne de limón, al que habremos quitado las pieles duras.

Servir inmediatamente, para que la tempura no pierda el crujiente.

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Un plato rápido de preparar, muy elegante y sabroso. La textura crujiente de la tempura contrasta con la melosidad del guacamole, en el que predomina sobremanera el aguacate en la proporción de la mezcla. La carne de limón potencia todo el conjunto.

Tened cuidado al remojar las algas: crecen mucho, así que hay que poner poca cantidad, o sobrarán muchísimas. Lo que véis en la foto, tiene más o menos el tamaño de un bocado.

Es mejor no reducir el guacamole a puré, ya que ligeramente machacado conserva mejor la textura, y es más agradable.

Jornada micológica en La Tuda

El pasado sábado, como os había anunciado, celebramos una jornada micológica en el CTR Los Jerónimos, en La Tuda, provincia de Zamora. La actividad incluía una salida al campo por la mañana, a conocer y recolectar setas, y un pequeño curso de cocina por la tarde, en el que prepararamos los ejemplares obtenidos por la mañana.

Así que en torno a las diez de la mañana nos pusimos en marcha, un grupo de unas 20 personas, niños incluidos, y fuimos primero a una preciosa zona de pinar en los alrededores de Peñausende. Era una zona de bosque claro, limpia, muy extensa, en la que se veían ya bastantes “micólogos” cuando llegamos.

La búsqueda fue más o menos fructífera, aunque un poco menos de lo que esperábamos. El níscalo (Lactarius deliciosus) aún comenzaba a salir después de las últimas lluvias, y no encontramos demasiado, pero sí una importante cantidad de Tricholoma terreum, una seta estupenda que da mucho juego en la cocina, y algunas otras variedades, sobre todo champiñón silvestre (Agaricus campestris) y alguna Lepiota procera.

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De ahí nos deplazamos ya más cerca de La Tuda, a una jara, donde pudimos recoger unas pocas variedades de Boletus, y alguna especie más, con lo que obtuvimos unos cinco quilos de setas, suficientes para cocinar posteriormente.

En torno a las cinco y media de la tarde, después de una estupenda comida ofrecida por el CTR Los Jerónimos, comenzamos la preparación de las setas, que empezó con una limpieza exhaustiva, sin lavar, de los ejemplares recolectados, desechando los ejemplares rotos, golpeados o agusanados.

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Una vez limpios, pasamos a la cocina, donde comenzamos la elaboración. Con lo recolectado, decidí que prepararíamos los siguientes platos, lo que se  cocinó en unas cuatro horas:

  • Carpaccio de Boletus edulis
  • Caldereta de Tricholoma terreum
  • Risotto de níscalos con albahaca
  • Empanada de Tricholoma terreum
  • Spaghetti con carbonara de Boletus edulis
  • Crema de Boletus
  • Schmarrn de champiñones silvestres
  • Pisto con Lepiota procera
  • Mermelada de Lepista nuda
  • Almogrote con níscalos
  • Pleurotus ostreatus empanados

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Finalmente, once platos diferentes que se degustaron en una cena-buffet al finalizar la jornada, salvo la mermelada, que se dejó para el desayuno del día siguiente. Una cena abundante, en un ambiente muy agradable, animado y distendido, ya que se había hecho mucho grupo a lo largo del día, y que se remató con una típica queimada.

Al día siguiente, para los que aún nos quedamos, preparamos algún plato más con las setas que quedaban. Parte de lo que elaboramos, lo iré publicando en los próximos días, cuando acabe de publicar los platos de la comida que os estoy presentando estos días.

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Agradecer, cómo no, a Pedro y Celia, del CTR Los Jerónimos, el haberme invitado a participar en esta estupenda jornada, y su amistad, cariño y buen hacer que hace de su casa un lugar único para el descanso, la conversación y la buena mesa (os ofrecerán magníficas comidas vegetarianas, si se las solicitáis previamente), a Pablo y Juan por sus enseñanzas micológicas, a Merce, por las fotos, que sin ella hubiesen sido imposibles y, por supuesto, a tod@s los que participaron en la jornada, por haberme permitido disfrutar de su amistad y su alegría. Espero haberos puesto los dientes largos, a los que no habéis venido, así os animáis para próximas ediciones :-D

Nota: Podéis ver las fotos de la jornada pinchando aquí.

Caña de parmesano y rúcula, granada y cardamomo

Caña de parmesano, rúcula, granada y cardamomo

Ingredientes

Parmesano rallado – rúcula – granos de granada – cardamomo en polvo – aceite de pimienta- sal

Hacer galletas con el parmesano, alargadas, de unos 10×3 cm, sobre la plancha sin aceite. Levantar con una espátula por un borde, colocar la rúcula y enrollar rápidamente sobre la misma plancha.

Disponer en la fuente de servicio, aliñar con el cardamomo en polvo, la granada y el aceite, justo antes de servir. Se puede aliñar la rúcula antes de enrollar, pero sólo si la vamos a servir inmediatamente.

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El queso parmesano al fundirse toma una consistencia blanda y elástica, que permite modelarlo y enrollarlo sobre otro ingrediente. Cuando enfría, adquiere una textura crujiente, lo que permite hacer estas galletas que veis en el plato de hoy. Eso sí, hay que calibrar la temperatura de la plancha, ya que si está demasiado caliente, el queso se arrebata y se quema, quedando una textura gomosa que no permite trabajarlo.

La rúcula tiene un sabor fuertemente aromático y muy característico, que marida muy bien con el queso. El cardamomo le aporta el toque aromático y las notas cítricas, y la granada una textura crujiente y fresca. El tamaño de las porciones es de dos bocados.

Podéis aliñar la rúcula antes de enrollarla en la galleta, con lo que el sabor mejorará, pero debéis tener en cuenta que se debe servir inmediatamente, ya que en caso contarrio la rúcula pierde textura y la galleta se ablanda.

Falsa pizza cuatro quesos sobre calabaza

Falsa pizza cuatro quesos sobre calabaza

Ingredientes

6 rodajas de calabaza sin semillas de 1cm de grosor – queso Cabrales – queso San Simón da Costa – queso Afuega’l pitu roxu – queso Cheddar madurado – germinado de cebolla – pimienta negra – orégano seco – pimienta negra – aceite de oliva virgen extra – sal

Disponemos las rodajas de calabaza en una fuente aceitada de horno, pincelamos con aceite y espolvoreamos con un poco de orégano y pimienta negra.

Colocamos los quesos en cuatro zonas, de manera que cuando se fundan cubran toda la superficie. Calentamos el horno a 220ºC, introducimos las pizzas y gratinamos durante cinco minutos. Servimos inmediatamente.

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Esta es una versión muy particular de la pizza, empleando rodajas de calabaza. Como el tamaño es difícil de apreciar en la foto, os diré que son discos de más o menos ocho centímetros de diámetro, por lo que es un aperitivo, no un plato principal. Estas rodajas, que como se aprecia se han cocinado con piel, se han cortado de una calabaza con un cuello muy largo, que en esa zona no tiene semillas. Una foto de esa variedad la podéis ver pinchando aquí.

Os diré, a posteriori, que en mi opinión, debido al dulzor de la calabaza, resultaban mucho mejor los quesos más fuertes, como el Cabrales y el Afuega’l pitu que los más delicados, que se perdían un poco con el sabor de la verdura. La presentamos sobre un lecho de germinado de cebolla, que maridaba muy bien con el conjunto.

Cucharita de hinojo y pisto con aloe vera

Cucharita de hinojo y pisto con aloe vera

Ingredientes

1 bulbo de hinojo – 1 cebolla pequeña – 1/4 de pimiento rojo – 1/4 de berenjena – 1/2 hoja de aloe vera – 1/2 tomate – germinado de azuki y lenteja – 1/4 guindilla Thai – 1 cucharadita de mejorana seca – queso de Mahón curado rallado – aceite de oliva virgen extra – sal

Con cuidado, retiramos cascos del hinojo con un poco de tallo para formar los recipientes. Recortamos un poco con la ayuda de un cuchillo.

Blanqueamos las “cucharas” de hinojo, las disponemos en una fuente de hornear, y sazonamos con mejorana, aceite de oliva y sal. Reservamos.

Mientras tanto, picamos fina la cebolla, pimiento, aloe vera y guindilla, y lo rehogamos todo junto en un poco de aceite. Cuando comience a pocharse, agregamos el tomate, pelado y sin semillas, y los germinados. Cocemos todo junto y rectificamos la sal. No debemos pasarlo demasiado, ya que se terminará de hacer en el horno.

Con la ayuda de una cucharilla, rellenamos las “cucharas”  y cubrimos con el queso rallado. Gratinamos 5 minutos a 220ºC. Servimos inmediatamente, y comemos todo junto, el pisto y la “cuchara” al mismo tiempo.

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Como veis, el primer entrante de la comida fue un pequeño pisto sobre una cuchara comestible hecha con bulbo de hinojo. A pesar de lo que pueda parecer en la foto, es una porción pequeña; la cuchara de hinojo se puede comer apenas de dos bocados.

Tenía una hoja de aloe vera que se había roto de la planta, en la nevera, así que se fue parte de ella al rehogado, para aprovechar sus propiedades. En lo demás, es un pisto de cocción breve, que se termina de hacer en el horno. La guindilla le da un puntillo picante y el queso redondea el sabor. Los germinados le dan un punto crujiente y herbáceo. Un entrante muy agradable con el que comenzar la comida.

 

Menú degustación vegetariano… de la nada al plato, en menos de dos horas

Este pasado sábado  había quedado con Javier Oubiña, a quien ya habéis visto más veces por esta página, para cocinar un rato y compartir nuestras pequeñas locuras culinarias. Pero algunos factores hicieron que nos juntásemos pasadas las doce y media de la mañana, con ingredientes variados en casa, pero sin nada pensado ni preparado. Así que nos pusimos manos a la obra, con lo que había, y más bien improvisamos lo  que os presento a continuación:

Cucharita de hinojo y pisto con aloe vera

Cucharita de hinojo y pisto con aloe vera

Falsa pizza cuatro quesos sobre calabaza

Falsa pizza cuatro quesos sobre calabaza

Caña de parmesano y rúcula, granada y cardamomo

Caña de parmesano, rúcula, granada y cardamomo

Tempura de algas, guacamole y limón

Tempura de algas, guacamole y limón

Ensalada con plátano frito, espárragos y bayas de Goji

Ensalada con plátano frito, espárragos y bayas de Goji

Sopa de noodles con tofu ahumado, shitake y cebolla germinada

Sopa de noodles con tofu ahumado, shitake y germinado de cebolla

Manzana, granada y sabayón con helado de frambuesa y queso de cabra

Manzana, granada, sabayón, helado de frambuesa y queso de cabra, por Javier Oubiña

Como veis, un menú de siete pequeños platos que preparamos en poco menos de dos horas, para los tres adultos que éramos, y mis dos hijas de 6 y 8 años, que participaron activamente, tanto en la cocina como en la “degustación”. A pesar de lo que pueda parecer por el número de platos, la comida en conjunto fue bastante ligera. A partir de mañana os iré presentando una a una las recetas.

Pan gallego tradicional de levadura madre

Pan de masa madre cortado

Ingredientes (sale un pan de aprox. 1500g)

50% (500g) de harina semiintegral de trigo -  50% (500g) de harina integral de centeno -  25% (250g) de levadura madre – 60% (600ml) de agua -  2% (20g) de sal marina

Es importante alimentar la levadura madre con cuatro cucharadas de harina y el agua necesaria, ocho horas antes de comenzar la preparación del pan, independientemente de cuándo la hayamos alimentado.

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Calentamos el agua con la sal, hasta los 38ºC, y disolvemos en ella la levadura madre. En un cuenco tamizamos las dos harinas, y las juntamos con el líquido, mezclando muy bien hasta que no queden grumos. Dejamos reposar al menos diez minutos.

Retiramos la masa del cuenco, y amasamos de manera suave, pero firme, de tres a cinco minutos, hasta que quede una masa homogénea. La espolvoreamos generosamente con harina, enharinamos el cuenco, ponemos la masa en el interior y cubrimos con un paño, preferentemente de lana, dejándolo en un sitio templado para que fermente, durante cinco horas.

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En la bandeja de horno caliente, ya enharinada, colocamos la masa sin amasar, le hacemos unos cortes y la introducimos en el horno previamente calentado a 250ºC. El horno estará con ambas placas y aire, y colocado un cuenco refractario con agua en el fondo, para que no se seque el pan.

Pan masa madre horneado

Colocamos la bandeja en posición media, y cocemos durante 15 minutos. Bajamos la temperatura a 200ºC y horneamos una hora más. Lo retiramos del horno, y dejamos enfriar completamente sobre una rejilla antes de consumirlo.

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Hoy os presento un pan tradicional gallego, hecho con harina de trigo y centeno. Esta mezcla es muy habitual en Galicia, en proporciones variables, y da como resultado, si la cantidad de centeno es similar a la de trigo, un pan relativamente compacto, y prácticamente sin hoyos, que se conserva muy bien durante mucho tiempo.

He utilizado levadura madre, que trabaja mucho mejor con la harina de centeno que la levadura de panadería. La levadura madre se debe conservar en un bote de cristal, y alimentarla con harina biológica y agua, mejor de manantial, cada 1-2 días en verano y 3-4 en invierno (tened en cuenta si tenéis calefacción en casa que trabajará más en invierno). Debemos emplear siempre harinas biológicas y es bueno mezclar harinas de diferentes cereales (trigo, centeno, espelta) para que mejore sus propiedades. En otoño e invierno debemos emplear un 25% del peso de harina de masa madre. En primavera y verano, sólo el 10%.

Como el trabajo con el pan y la elaboración de masas madre es un proceso que, aunque relativamente sencillo, requiere unos ciertos cuidados, os voy a dejar un muy interesante libro, para que descarguéis directamente. Se trata de un Cuaderno de pan biológico, escrito por César Lema Costas, doctor en biología y panadero bio no profesional, además de amigo y compañero (cuando leáis el libro, conoceréis la etimología de esta última palabra).

En este libro, curioso, porque está escrito en gallego y castellano, aunque no tendréis problemas para comprenderlo, se abordan todos los aspectos técnicos y biológicos del proceso de elaboración del pan, y una excelente explicación del proceso para iniciar una masa madre, que tenéis en la página 19 del libro. Os recomiendo su lectura, por su interés y calidad. Podéis descargarlo directamente, en formato pdf, pinchando en el siguiente enlace:

Cuaderno de pan biológico – Dr César Lema Costas

La cocción del pan la he hecho en un horno pequeño, compacto, de 22 litros, con aire. Este horno se calienta muy rápido, conserva muy bien el calor, consume poco y tiene el tamaño perfecto para un pan hecho con 1kg de harina, aunque podéis emplear el horno normal.

Agradecer asimismo a Elsa el haberme facilitado la levadura madre y, sobre todo, las instrucciones, consejos y  proporciones para la elaboración del pan, y a César, por facilitar la descarga del libro, y todos sus múltiples y extensos consejos a lo largo de mucho tiempo, tanto para la elaboración de pan, como para el cultivo ecológico del huerto… quien sabe, sabe ;-)

Y lo demás, es cuestión de probar. Es mucho más fácil hacer pan en casa de lo que parece y el resultado es, sencillamente, incomparable.

Puré de patatas

Puré de patatas

Ingredientes

600g de patatas – 50-100g de mantequilla – leche entera – 1 huevo batido – 2 hojas de laurel – aceite de oliva virgen extra – sal

Pelar y cocer las patatas en agua con sal, laurel y un chorro de aceite de oliva. Cuando estén cocidas, las escurrimos y las volvemos a la olla.

Con la ayuda de un prensapatatas manual, hacemos un puré no demasiado fino. Agregamos la mantequilla al gusto y mezclamos, el huevo batido y removemos bien para ligarlo.

Aligeramos con leche o agua de la cocción hasta obtener la textura deseada. Rectificamos la sal, si es necesario, y servimos inmediatamente.

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Retomamos otra vez preparaciones básicas, en este caso un simple puré de patatas. Hoy en día, por desgracia, cada vez se recurre más a purés en copos deshidratados que, aunque están bien para un apuro (incluso hay preparados biológicos estupendos) poco o nada tienen que ver en sabor con el de un puré hecho en casa.

Yo suelo triturar las patatas empleando un prensapatatas manual de la casa WMF, que reduce las patatas a puré, pero deja una textura más gruesa, menos homogénea y para mi gusto muy agradable, ya que quedan algunos pequeños trocitos de patata para morder, pero si os gusta más fino podéis hacerlo con un pasapurés de manivela, o incluso con el robot, aunque, en mi opinión, queda demasiado pastoso.

Si no os gusta aligerarlo con leche, podéis usar el agua de cocción de las patatas, con un resultado similar. La mantequilla se puede sustituir por margarina o aceite de oliva (en menor cantidad), y podéis prescindir del huevo, pero le aporta mucho sabor y color.

Si os acostumbráis a preparar el puré en casa, a buen seguro recurriréis a los de bolsa sólo en caso de emergencia. No hay comparación posible y, realmente, hacerlo suponen tan sólo unos pocos minutos en la cocina.

Quiche Lorraine versión vegetariana

Quiché Lorraine versión vegetarianaIngredientes

Una tarta de masa quebrada horneada en blanco – 2 cebollas grandes – 175g de cebolla frita crujiente – 4 huevos – 200ml de crème fraîche – 100ml de leche – pimienta negra – aceite de oliva virgen extra -  sal

En una sartén con un fondo de aceite de oliva, rehogar a fuego medio-suave la cebolla picada con un fondo de aceite y un poco de sal, hasta que esté bien pochada y dorada. Mezclamos con la cebolla frita y reservamos.

Batimos los huevos, e incorporamos la crema y la leche. Salpimentamos.

En el fondo de la tarta de masa quebrada, disponemos la cebolla, y vertemos encima, con la ayuda del dorso de  una cuchara grande, para que no haga agujeros, la crema preparada. Horneamos a 180ºC durante unos 20 minutos, con ambas placas y aire, a altura media, hasta que esté bien cocida y ligeramente dorada. Servimos caliente o tibia.

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La quiche Lorraine es uno de los clásicos de la cocina francesa, y lleva bacon, huevos y nata líquida. En algunas ocasiones se le añade queso, y también cebolla pochada, aunque hay quien dice que si lleva cebolla sería una quiche Alsacienne.

Una versión vegetariana no podía llevar bacon, así que he utilizado cebolla frita crujiente, que tiene una textura y un sabor parecido. Se trata de un pequeño “juego” en mi cocina; he empleado el nombre original para el plato, pero es una versión libre y muy personal, que en nada intenta copiar al plato clásico. Espero que os guste la idea.

Masa quebrada (pasta brisa) paso a paso

Masa quebrada horneada en blanco
Ingredientes (para un molde redondo de 26-28 cm)

250g de harina blanca – 125g de mantequilla muy fría – 1 cucharadita de sal – 6 cucharadas de agua fría ó 1 huevo mediano

En un bol, disponer la harina y mezclar con la sal. Sacar la mantequilla de la nevera, que debe estar lo más fría posible, y la cortamos en dados de más o menos un centímetro.

Añadimos la mantequilla al bol y la mezclamos con los dedos, recubriendo cada dado de mantequilla con harina, de manera que queden separados.

Masa quebrada paso 1

Con la ayuda de los dedos, y trabajando rápidamente para que no se caliente, vamos deshaciendo la mantequilla dentro de la harina, trabajando con movimientos de pinza, con lo que iremos obteniendo una masa suelta y de textura gruesa. Seguiremos hasta que notemos que es uniforme, y que no se palpan trozos de mantequilla enteros.

Masa quebrada paso 2

Añadimos entonces el agua lo más fría posible, mientras cortamos la masa obtenida con un cuchillo romo, para que se mezcle bien. Si queremos una mas más enriquecida, podemos sustituir el agua por un huevo mediano bien batido.  Debe quedar poco húmeda, lo justo para que forme una bola. Si usamos huevo, y no es suficiente, agregamos un poco de agua.

Amasamos ligeramente con las manos, para homogeneizar la masa, y una vez boleada la envolvemos en un papel film y la refrigeramos media hora antes de usarla.

Masa quebrada paso 3

Estiramos la masa con la ayuda de un rodillo, para formar un círculo del tamaño deseado. Es más fácil si lo hacemos entre dos hojas de papel de hornear, lo que nos facilitará el manejo posterior de la masa. La colocamos una vez estirada cubriendo el molde y la pinchamos con un tenedor por varios puntos.

Para que no se levante, podemos usar dos técnicas: o bien cortamos un círculo de papel, lo ponemos en el fondo y cubrimos con legumbres secas, que usaremos para este fin, o bien, si tenemos otro molde igual, no retiramos el papel superior y encajamos otro molde en el primero, presionando con firmeza, que dejaremos hasta el fin de la primera cocción. Esta segunda técnica es muy útil en las tartaletas pequeñas.

Horneamos durante 15 minutos a 180ºC con ambas placas y aire. Si vamos a utilizar un relleno muy líquido, retiramos el papel y las legumbres, pintamos el interior con clara de huevo batida, y horneamos otros cinco minutos más. Si el relleno es consistente, este segundo paso no es necesario.

Con esto obtenemos lo que se llama la pasta quebrada horneada en blanco, que será el punto de partida para muchas tartas, y que podéis ver fotografiada al principio de esta entrada.

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Hace tiempo os había presentado una receta para la masa quebrada integral, pero estos días me he dado cuenta de que no había publicado la más básica, la masa quebrada con harina blanca y mantequilla. También se conoce como pasta brisa. Se dice que la masa quebrada lleva huevo, y la pasta brisa no, pero esto no está aceptado por todo el mundo. En cualquier caso, con huevo o no, es una de las preparaciones básicas para la elaboración de tartas, tanto dulces como saladas.

Así que aquí está, con más fotografías de las que son habituales en mí. Es una receta muy simple, que lleva poco tiempo preparar, y que no tienen nada que ver con las que podéis comprar ya preparadas en el comercio. Eso sí, recordad que la masa quebrada no sube; nada tiene que ver con el hojaldre.